Hacer crujir los nudillos es una práctica que algunas personas consideran compulsiva. Inaudible para algunos, pero increíblemente placentero para otros, el leve sonido al estirar los nudillos suele ser sinónimo, para quien lo hace, de recuperar la compostura o tomar el control (y no es exagerado decirlo) de una situación difícil.
Contrario a lo que algunos podrían creer, el sonido que se escucha al estirar los nudillos no es el de un hueso crujiendo, aunque el tono sea similar. En realidad, se trata del estallido de burbujas de dióxido de carbono que escapan del líquido sinovial. El líquido sinovial es un líquido presente entre todas las articulaciones del esqueleto; es el que las lubrica. Estirar voluntariamente los dedos de las manos o de los pies provoca la formación de burbujas de gas dentro del líquido sinovial, que estallan en cuanto se forman, produciendo ese sonido agudo para quienes lo escuchan.
Quizás incluso seas de esas personas a las que su profesor ya les ha regañado por molestarles; tanto, de hecho, que te dijeron que esta práctica, si se repite con demasiada frecuencia, podría causar artritis… Bueno, podrías haberles dicho que eso es falso… Al menos, nunca se ha demostrado. El tema ha sido objeto de numerosos estudios, pero ninguno ha demostrado de forma concluyente que las personas que se crujen los nudillos tengan más probabilidades de desarrollar artritis.
Sin embargo, esta práctica sí conlleva un riesgo comprobado: crujirse los nudillos molesta a quienes te rodean, y te mirarán con desaprobación durante mucho tiempo.
Raphael DELVOLVE
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